La procrastinación consiste en posponer de manera recurrente tareas o actividades, y la psicología la relaciona con procesos de regulación emocional más que únicamente con la falta de disciplina. Cuando una actividad genera ansiedad, estrés, miedo al fracaso o una sensación de estar abrumado, algunas personas buscan distracciones para obtener un alivio inmediato.
Este mecanismo puede reducir temporalmente el malestar, aunque aumente la presión posteriormente. La identificación de las emociones asociadas con la tarea y la división de actividades complejas en pasos pequeños son estrategias que pueden facilitar el inicio y reducir la carga emocional.












