Las Cataratas del Iguazú registraron una crecida extraordinaria e histórica con un caudal de 12 millones de litros por segundo. La extrema fuerza del agua obligó a las autoridades turísticas a cerrar los accesos y a desmontar de forma preventiva las pasarelas de la Garganta del Diablo para evitar daños materiales y resguardar la seguridad de los visitantes.