Investigaciones demuestran que estados emocionales como miedo, estrés o felicidad cambian la composición química del sudor y la piel. Estos olores, aunque sutiles, son detectados de manera inconsciente por otras personas, influyendo en la percepción social.
El llamado “lenguaje químico” del cuerpo explica por qué sentimos atracción o rechazo hacia alguien sin causa aparente. Las emociones no solo se expresan con palabras: también se transmiten en el aire que nos rodea.
CON INFORMACIÓN DE JACOBO FLORES