Estudios recientes demuestran que el envejecimiento no es un proceso lineal, sino que ocurre en saltos biológicos. Las investigaciones identifican transiciones drásticas a los 34, 60 y 78 años, vinculadas con cambios moleculares y proteicos. Estos descubrimientos redefinen cómo entendemos la salud y permiten ubicar momentos clave donde el cuerpo experimenta giros significativos en su funcionamiento.













