La respiración superficial, cuando el aire apenas llena la parte alta del pecho, limita la oxigenación celular y puede provocar sensación constante de fatiga. Según la American Lung Association, una respiración profunda y diafragmática mejora la oxigenación, reduce el estrés y estabiliza la frecuencia cardíaca.
Cuando respiramos de forma corta y rápida, el cuerpo interpreta una señal de alerta, activando tensión muscular y agotamiento mental. La falta de oxígeno suficiente afecta la claridad mental y la capacidad de concentración. Practicar técnicas de respiración consciente puede disminuir la fatiga y mejorar el rendimiento diario. A veces, el cansancio no es falta de sueño, sino falta de aire bien utilizado.
CON INFORMACIÓN DE JACOBO FLORES













