Pagos mínimos, consumos diarios y compras impulsivas generan una presión constante en la mente. Este estrés financiero mantiene al cerebro en estado de alerta permanente, lo que provoca preocupación, dificultad para dormir y cambios en el estado de ánimo.
Aunque las cantidades parezcan menores, su acumulación afecta la sensación de estabilidad y hace que enero se perciba como un mes más pesado y estresante.
CON INFORMACIÓN DE JACOBO FLORES