Durante la fase inicial del amor romántico, el cerebro libera dopamina, oxitocina y serotonina en niveles comparables a los de sustancias adictivas. Esto explica la euforia, la obsesión y la idealización de la pareja.
Con el tiempo, la actividad cerebral cambia, estabilizándose hacia un apego más sereno y duradero. Neurocientíficos comparan esta transición con pasar de un estado de euforia a uno de calma y seguridad. El amor no solo se siente en el corazón: transforma al cerebro como una poderosa droga natural.
CON INFORMACIÓN DE JACOBO FLORES













