No se trata de un trastorno clínico, sino de una reacción natural tras semanas de alta carga emocional, reuniones, expectativas y consumo excesivo. Al terminar las celebraciones, el cuerpo y la mente enfrentan un bajón de estímulos positivos, lo que provoca sensación de desánimo.
Especialistas recomiendan retomar rutinas gradualmente, mantener horarios de sueño estables y evitar exigirse metas poco realistas en enero, para facilitar la adaptación emocional al nuevo ciclo.
CON INFORMACIÓN DE JACOBO FLORES