La fragilidad ósea consiste en la pérdida progresiva de resistencia de los huesos y puede comenzar de manera silenciosa alrededor de los 30 años. El riesgo aumenta después de los 50 años, especialmente en mujeres tras la menopausia por la disminución de estrógenos. En hombres, la pérdida suele ser más gradual y adquiere mayor relevancia después de los 60 años. La falta de calcio y vitamina D, el sedentarismo, el tabaquismo y los antecedentes familiares pueden favorecer una pérdida de resistencia ósea más temprana.