El 8 de enero de 2026, el cielo de Birmingham, en el Reino Unido, llamó la atención a nivel mundial tras adquirir un intenso tono rosa durante la noche. Lejos de tratarse de un fenómeno astronómico o paranormal, autoridades locales y especialistas en meteorología confirmaron que el efecto fue causado por la combinación de clima extremo y luz artificial. Las luces LED utilizadas para el mantenimiento del césped del estadio St. Andrew’s se reflejaron en las nubes bajas y la nevada provocada por la tormenta invernal Storm Goretti. Las partículas de nieve y agua suspendidas en la atmósfera amplificaron la iluminación rojiza, generando un resplandor uniforme en el cielo. El fenómeno no representó riesgos para la población y fue catalogado como un efecto óptico poco común derivado de condiciones meteorológicas específicas.