Datos recientes de la Organización Mundial de la Salud confirman que la ansiedad infantil es una condición real y en aumento. Se estima que al menos 1 de cada 8 niños padece síntomas como miedo constante, insomnio, dolores físicos sin causa médica y rechazo escolar. Los detonantes pueden ir desde cambios en el entorno familiar hasta el uso excesivo de pantallas o la presión académica.
Especialistas en psicología pediátrica advierten que ignorar estas señales puede derivar en problemas crónicos de salud mental en la adolescencia y adultez. El diagnóstico temprano y el acompañamiento profesional son clave para reducir el impacto a largo plazo.
La infancia también puede ser un terreno fértil para la ansiedad. Reconocerla a tiempo no solo puede evitar complicaciones futuras, también puede cambiar el rumbo emocional de toda una vida.
CON INFORMACIÓN DE JACOBO FLORES
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