Cada cepillo de dientes acumula entre 1.4 millones y hasta 10 millones de bacterias tras semanas de uso, incluyendo especies orales, respiratorias, digestivas e incluso patógenas como Enterobacteriaceae y Staphylococcus aureus.
Además, se han detectado cientos de virus bacteriófagos, que aunque no atacan a humanos, reflejan la compleja microbiota que habita en sus filamentos. La humedad del baño, el roce con el inodoro y mantenerlo húmedo favorecen este crecimiento; cubiertas tapadas agravan el problema.
Renueva tu cepillo cada tres meses, déjalo secar al aire, en lugar cerrado y limpio. Evita almacenarlo tapado. Así reduces el riesgo de transmitir bacterias potencialmente dañinas.
CON INFORMACIÓN DE JACOBO FLORES
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