El diálogo interno juega un papel determinante en el bienestar emocional, de acuerdo con la psicología cognitiva. Pensamientos automáticos y repetitivos de carácter negativo pueden intensificar el estrés, la ansiedad y la sensación de malestar, incluso en ausencia de una amenaza real. Investigaciones basadas en el modelo de Aaron Beck, referente de la terapia cognitivo-conductual, indican que este tipo de pensamiento mantiene al cerebro en un estado constante de alerta, afectando el estado de ánimo, el sueño y la capacidad para resolver problemas. Especialistas en salud mental señalan que modificar el diálogo interno, reemplazando ideas negativas por pensamientos más realistas, contribuye a mejorar la estabilidad emocional y la salud psicológica a largo plazo.