Las nuevas capacidades de la inteligencia artificial permiten ejecutar tareas complejas, gestionar flujos de trabajo y coordinar procesos en tiempo real. Expertos señalan que esta evolución marca el paso hacia sistemas más autónomos con menor supervisión humana. Las mejoras incluyen razonamiento lógico, planificación y toma de decisiones contextual. El avance plantea debates regulatorios, laborales y éticos sobre los límites y responsabilidades de estos sistemas.