La memoria de trabajo es el espacio donde retenemos información mientras realizamos tareas, pero su capacidad es limitada. Cuando se satura, el cerebro procesa datos con menos precisión, comete más errores y activa zonas relacionadas con el estrés. Esto afecta el rendimiento académico y laboral, incrementa la fatiga mental y la impulsividad en la toma de decisiones. Reconocer y gestionar esta saturación es clave para proteger la salud cognitiva.
DOMMINIQUE FEMAT