Diversos estudios en neurociencia confirman que pensar en exceso mantiene al cerebro en un estado prolongado de estrés. La rumiación incrementa la producción de cortisol, afectando la memoria, la concentración y el sueño. Especialistas advierten que este desgaste mental sostenido puede derivar en ansiedad y depresión, por lo que aprender a frenar el pensamiento repetitivo es fundamental para proteger la salud cerebral a largo plazo.