Cambiar hábitos implica alterar patrones mentales profundamente establecidos. Desde la psicología, se explica que el cerebro prioriza la repetición porque requiere menos energía que aprender conductas nuevas. Esta preferencia hace que incluso hábitos negativos sean difíciles de abandonar. Cuando las personas intentan cambiar sin comprender este funcionamiento, suelen aparecer frustración, culpa y sensación de fracaso. Conocer cómo responde el cerebro al cambio permite diseñar estrategias más realistas, graduales y sostenibles, favoreciendo el desarrollo personal y el bienestar emocional a largo plazo.