En el Mes de la Salud Mental Masculina, especialistas analizan cómo los mandatos culturales asociados a la masculinidad dificultan que los hombres accedan a apoyo psicológico. Las cifras son contundentes: los hombres presentan tasas de suicidio hasta cuatro veces más altas que las mujeres, pero buscan ayuda profesional con mucha menor frecuencia.
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Solo el 40% de los hombres con alguna condición mental buscan apoyo, frente al 51.7% de las mujeres. Este fenómeno no tiene base biológica, sino cultural: desde la infancia, muchos varones aprenden que mostrar emociones o pedir ayuda es un signo de debilidad. Este estigma perpetúa el silencio, la automedicación y el aislamiento. En lugar de acudir a terapia, muchos optan por el consumo de alcohol o por conductas de riesgo.
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Además, los hombres tienden a manifestar la depresión con síntomas atípicos, como la irritabilidad o la fatiga, lo que dificulta aún más su diagnóstico y tratamiento. Romper con el mito del “hombre fuerte e invulnerable” es una urgencia de salud pública. Pedir ayuda no es rendirse: es sobrevivir. La salud mental masculina debe dejar de ser un tabú y convertirse en una prioridad social.