Un estudio de la Universidad Politécnica de Marche demostró que la privación de sueño activa astrocitos y microglía que destruyen sinapsis sanas en el cerebro. Este fenómeno aumenta el riesgo de enfermedades neurodegenerativas como Alzheimer y demencia. Aunque dormir después ayuda parcialmente, no revierte el daño irreparable causado por la vigilia prolongada, evidenciando la importancia de un descanso adecuado para la salud cerebral.