No se trata solo de sentirse cansado: la falta de sueño interfiere con la consolidación de la memoria, el proceso mediante el cual el cerebro organiza y guarda la información aprendida. Por eso aparecen los olvidos, la confusión y la dificultad para concentrarse incluso en tareas simples.
El impacto emocional también es fuerte. Cuando el cerebro está privado de descanso, las áreas encargadas de regular las emociones funcionan peor. Esto provoca irritabilidad, cambios bruscos de humor y una menor tolerancia al estrés. Con el tiempo, dormir poco de forma constante puede aumentar el riesgo de ansiedad, depresión y errores en la toma de decisiones.
CON INFORMACIÓN DE JACOBO FLORES
Dormir más en invierno tiene explicación científica