Este hábito consiste en pensamientos automáticos de crítica, culpa o desvalorización que se repiten ante errores, estrés o comparación social. La Asociación Americana de Psicología (APA) explica que este tipo de pensamiento suele formarse en la infancia, a partir de experiencias, exigencias externas y modelos de crianza, y se refuerza con el tiempo si no se cuestiona.
El cerebro tiende a repetir estos mensajes como un mecanismo de “protección”, aunque en realidad aumenta la ansiedad y el agotamiento emocional. Especialistas advierten que mantener un diálogo interno negativo constante puede afectar la concentración, el estado de ánimo y la toma de decisiones. Identificarlo y reemplazarlo por un lenguaje más realista y compasivo es clave para mejorar el bienestar psicológico.
CON INFORMACIÓN DE JACOBO FLORES
La razón por la que el cansancio mental agota más que el físico