La ansiedad puede presentarse como preocupación constante, tensión muscular, fatiga, irritabilidad, problemas digestivos o dificultad para dormir. Desde la ciencia, la ansiedad se relaciona con una activación prolongada del sistema de alerta del cerebro, diseñada para protegernos, pero dañina cuando se mantiene encendida todo el tiempo. Vivir así agota emocionalmente y reduce la capacidad de concentración y disfrute.
Este enemigo silencioso suele normalizarse por el ritmo acelerado de vida, pero ignorarlo puede derivar en trastornos más severos, como depresión o ataques de pánico.
Reconocer los síntomas y buscar apoyo psicológico no es debilidad: es prevención y autocuidado. La ansiedad se puede tratar, y hacerlo a tiempo cambia la calidad de vida.
CON INFORMACIÓN DE JACOBO FLORES
Parálisis por análisis; cuando pensar demasiado te deja inmóvil