Aunque pueden reducir el apetito y ayudar a perder kilos en menos tiempo, no son soluciones mágicas ni funcionan igual en todas las personas. Su efectividad depende del estilo de vida, la alimentación y el seguimiento médico constante.
Uno de los puntos menos hablados son los efectos secundarios: desde náuseas, fatiga y problemas digestivos, hasta cambios en el estado de ánimo. Además, al suspenderlos sin ajustes en hábitos, el peso puede regresar, fenómeno conocido como “rebote”. Especialistas advierten que estos fármacos deben verse como un apoyo temporal, no como un reemplazo de una dieta equilibrada y actividad física.
Antes de usarlos, la clave es informarse, evitar la automedicación y consultar siempre con un profesional de la salud.
CON INFORMACIÓN DE JACOBO FLORES
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