Observaciones realizadas con telescopios de nueva generación y análisis de datos de rayos X y radio muestran que estos sistemas pequeños y poco luminosos pueden contener agujeros negros supermasivos en plena actividad, algo que antes se consideraba poco común.
Este hallazgo es clave para entender cómo se forman y evolucionan las galaxias, ya que sugiere que los agujeros negros crecieron desde etapas muy tempranas del Universo, incluso en estructuras galácticas pequeñas. Además, cambia la idea de que solo las galaxias grandes pueden albergar núcleos activos potentes.
Los astrónomos señalan que este descubrimiento abre nuevas líneas de investigación sobre el origen de los agujeros negros supermasivos y podría ayudar a explicar cómo influyen en la evolución del cosmos, aportando pistas fundamentales sobre la historia temprana del Universo.
CON INFORMACIÓN DE JACOBO FLORES
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