Diversas investigaciones han demostrado que los nutrientes que consumimos influyen en la memoria, la concentración, el aprendizaje e incluso en el estado de ánimo. Una dieta rica en frutas, verduras, pescado, frutos secos y cereales integrales aporta antioxidantes, ácidos grasos omega-3 y vitaminas esenciales que favorecen la comunicación entre las neuronas y ayudan a proteger el tejido cerebral.
Por el contrario, el consumo frecuente de alimentos ultraprocesados, bebidas azucaradas y grasas trans puede favorecer procesos inflamatorios que afectan el rendimiento cognitivo y aumentan el riesgo de deterioro cerebral con el paso del tiempo.
Especialistas de la salud destacan que mantener una alimentación equilibrada, junto con ejercicio físico, buen descanso e hidratación adecuada, contribuye a preservar la salud del cerebro y reducir el riesgo de enfermedades neurodegenerativas.
CON INFORMACIÓN DE JACOBO FLORES
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