Tras el cierre de año, el cerebro pierde estímulos asociados a celebraciones y descanso, lo que genera una percepción más lenta del tiempo. Además, el regreso a la rutina, las deudas y los días más cortos influyen en el estado de ánimo.
Estudios sobre percepción temporal señalan que cuando hay menos eventos positivos o novedosos, el tiempo se siente más largo. Por eso, enero suele asociarse con cansancio emocional y baja motivación, aun cuando el calendario indique que dura lo mismo que otros meses.
CON INFORMACIÓN DE JACOBO FLORES
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