Investigaciones citadas por la Organización Mundial de la Salud señalan que el sobrepeso y la obesidad no dependen únicamente de la fuerza de voluntad, sino también de mecanismos hormonales y neurológicos.
El hipotálamo, una pequeña región del cerebro, controla el hambre, la saciedad y el gasto energético. Cuando hay estrés crónico, falta de sueño o desequilibrios hormonales, este sistema puede alterarse y dificultar la pérdida de grasa, incluso con dieta y ejercicio. Además, hormonas como la leptina y la grelina influyen en la acumulación de grasa abdominal resistente.
Estudios del Instituto Nacional de Salud Mental han explorado cómo el estrés activa respuestas cerebrales que favorecen el almacenamiento de grasa. Por ello, estrategias como dormir bien, reducir el estrés y mantener hábitos consistentes pueden “reprogramar” parcialmente estas señales y facilitar la quema de grasa persistente.
CON INFORMACIÓN DE JACOBO FLORES
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