Suele comenzar en la infancia, entre los 5 y 10 años de edad, y es más frecuente en niños que en niñas. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, los trastornos del neurodesarrollo afectan la conducta y la interacción social desde edades tempranas.
Los tics pueden ser motores (parpadeo constante, movimientos bruscos de cabeza, encogimiento de hombros) o vocales (gruñidos, carraspeo, repetición de palabras). En casos poco frecuentes puede presentarse coprolalia, que consiste en decir palabras inapropiadas de forma involuntaria. El Centers for Disease Control and Prevention (CDC) señala que muchas personas con Tourette también pueden presentar trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) u obsesiones compulsivas.
No existe una cura, pero sí tratamientos eficaces. La terapia conductual y, en algunos casos, medicamentos ayudan a controlar los síntomas y mejorar la calidad de vida. Un diagnóstico temprano es clave para evitar estigmatización y brindar apoyo adecuado.
CON INFORMACIÓN DE JACOBO FLORES
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