Evaluar opciones es saludable, pero cuando el cerebro entra en un bucle de dudas, escenarios negativos y perfeccionismo, la acción se bloquea. Suele estar ligada a la ansiedad, miedo a equivocarse y alta autoexigencia. Algunas señales comunes son posponer decisiones simples, necesidad constante de más información, agotamiento mental y sensación de estancamiento.
Desde la psicología, este fenómeno se explica por una sobrecarga cognitiva: el cerebro se satura y prefiere no elegir para evitar el error. El problema es que no decidir también tiene consecuencias.
Reducir opciones, poner límites de tiempo y aceptar que ninguna decisión es perfecta ayuda a romper el ciclo. Pensar es útil, pero avanzar también es salud mental.
CON INFORMACIÓN DE JACOBO FLORES
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