La procrastinación no siempre está relacionada con la falta de disciplina. Investigaciones en psicología señalan que postergar una tarea puede funcionar como una forma de regular las emociones a corto plazo, especialmente cuando una actividad genera ansiedad, estrés, frustración o rechazo. Un estudio publicado en British Journal of Social Psychology encontró que la regulación del estado de ánimo puede desempeñar un papel importante en la procrastinación.
De acuerdo con una investigación disponible en la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos (PubMed Central), las dificultades para regular las emociones están asociadas con una mayor tendencia a procrastinar. Ante una tarea percibida como desagradable, algunas personas pueden aplazarla para reducir temporalmente el malestar emocional, aunque esto posteriormente puede generar más estrés.
Una revisión publicada en International Journal of Environmental Research and Public Health también señala una relación consistente entre procrastinación y estrés, y plantea que los contextos estresantes pueden aumentar la dificultad para tolerar emociones negativas.