El síndrome de la “cara de póker” no es solo una estrategia de juego, sino una condición neurológica o muscular que dificulta reflejar las emociones en la cara.
Puede estar asociado a enfermedades como el Parkinson, trastornos neuromusculares o incluso daños nerviosos. A pesar de su apariencia fría o distante, quienes lo padecen sí sienten alegría, tristeza o enojo, pero su rostro no lo comunica.
Esto puede afectar las relaciones personales y laborales, ya que la comunicación no verbal representa más del 70% del mensaje humano.
Los especialistas recomiendan terapia física y entrenamiento facial para recuperar la movilidad. El reto sigue siendo reconocer que detrás de una expresión neutra puede haber un mundo emocional activo.