El estrés crónico provoca cambios epigenéticos como la metilación del ADN, que afectan la activación o desactivación de genes. Esto influye en la inmunidad, la inflamación y el envejecimiento celular, aumentando el riesgo de enfermedades cardiovasculares, depresión y trastornos metabólicos. Aunque no modifica la secuencia genética, sí altera su funcionamiento y puede transmitirse a futuras generaciones. Comprender este vínculo abre oportunidades.
DOMMINIQUE FEMAT