La defensa pública del morenismo ante los señalamientos de vínculos indirectos con el crimen organizado ha sido, para sus críticos, difícil de sostener frente a ciertos episodios que quedaron ampliamente documentados. Uno de los más señalados son los constantes viajes del entonces presidente Andrés Manuel López Obrador a Badiraguato, Sinaloa, municipio históricamente vinculado con figuras del narcotráfico.
En particular, uno de los momentos que más controversia generó fue el saludo a la madre de Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán, un gesto que fue interpretado por sectores de la oposición como una muestra de deferencia hacia una figura ligada al crimen organizado. A esto se suma la decisión de liberar a Ovidio Guzmán López durante el operativo fallido en Culiacán en 2019, bajo el argumento oficial de evitar un baño de sangre.
Estos hechos, registrados en video y ampliamente difundidos, continúan siendo utilizados como evidencia por quienes sostienen que hubo una política de tolerancia o debilidad frente a grupos criminales. Mientras tanto, desde el oficialismo se ha insistido en que dichas decisiones respondieron a criterios de seguridad y protección civil, en un contexto de alta violencia.