Aquella tarde, el cine estaba lleno de niñas y niños que habían acudido con sus familias por las celebraciones de la fecha a recibir juguetes y a disfrutar de la función.
Al avanzar la proyección, se escuchó de manera repentina a alguien gritar que el cine se estaba incendiando, aunque no había fuego real. Esa alarma encendió el pánico entre el público, especialmente entre los menores presentes. En cuestión de segundos, la confusión se transformó en terror cuando cientos de personas trataron de salir de la sala al mismo tiempo.
La multitud se aglomeró hacia las salidas y, en medio del caos, se produjo una estampida humana. Varias de las puertas no daban abasto y la presión de las personas en pánico hizo que muchos resultaran atropellados y aplastados en la carrera por escapar.
El saldo oficial que registraron las crónicas de la época fue de cinco niños muertos y al menos treinta lesionados, la mayoría menores, a causa de la estampida. Este hecho quedó grabado en la memoria colectiva de Aguascalientes como una de las tragedias más dolorosas en un día que originalmente se vivía como una celebración familiar.
CON INFORMACIÓN DE DOMINIQUE FEMAT
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