Durante las celebraciones de Año Nuevo, el consumo excesivo de alcohol se incrementa y puede provocar deshidratación, alteraciones en la presión arterial y pérdida de reflejos. Especialistas advierten que el mayor riesgo ocurre cuando se combina con desvelo prolongado, ya que los efectos se acumulan y afectan la toma de decisiones, elevando la probabilidad de accidentes y conductas de riesgo.