La exposición a entornos naturales activa lo que la ciencia llama “efecto bosque”. Investigaciones médicas demuestran que pasar tiempo al aire libre reduce proteínas inflamatorias en la sangre, fortalece el sistema inmune y regula la presión arterial.
El contacto con la luz solar y los sonidos del entorno estimula la producción de serotonina, bajando el estrés, que es uno de los principales disparadores de inflamación crónica. La naturaleza no solo sana la mente: también apaga silenciosamente los procesos inflamatorios que dañan el cuerpo.
CON INFORMACIÓN DE JACOBO FLORES
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