Con el tiempo, el cuerpo se adapta a vivir con niveles elevados de fatiga, reduciendo energía, concentración y rendimiento sin que lo notes del todo. Este fenómeno ocurre porque el organismo activa mecanismos de compensación hormonal para sobrevivir al estrés constante.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, la fatiga prolongada puede estar relacionada con estrés persistente, mala calidad del sueño y sobrecarga laboral. Cuando el cuerpo permanece en “modo alerta” por largos periodos, aumenta el cortisol y se altera el equilibrio del sistema nervioso.
Expertos en salud advierten que normalizar el agotamiento diario puede generar problemas metabólicos, inmunológicos y emocionales. Si el cansancio se vuelve permanente, no es productividad: es una señal de alarma.
CON INFORMACIÓN DE JACOOB FLORES
La disciplina sostenida influye en la percepción social y autoestima