Los niños ríen unas 300 veces al día porque su cerebro libera dopamina constantemente ante estímulos simples. En cambio, los adultos filtran emociones por estrés, juicios y rutina, lo que reduce su espontaneidad. El cerebro adulto prioriza la lógica sobre el disfrute.
Reír más no es inmadurez, es salud mental. Tal vez, lo que necesitamos no es más tiempo… sino más risa.
CON INFORMACIÓN DE JACOBO FLORES
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