El fenómeno de la saciedad sensorial específica explica por qué el cerebro pierde interés en sabores ya consumidos, pero responde a nuevos estímulos como el dulce. Los postres activan el sistema de recompensa, liberan dopamina y se digieren más rápido, lo que favorece el consumo adicional incluso tras sentirse lleno.
CON INFORMACIÓN DE JACOBO FLORES