Este fenómeno depende de factores como la humedad, el viento y la radiación solar, que influyen directamente en la forma en que el cuerpo humano percibe la temperatura ambiental.
Por ejemplo, el viento acelera la pérdida de calor en la piel, haciendo que el frío se sienta más intenso. En contraste, una alta humedad dificulta la evaporación del sudor, lo que provoca una mayor sensación de calor. Según la Organización Meteorológica Mundial, comprender la sensación térmica es fundamental para prevenir riesgos en la salud, especialmente durante olas de calor o frío extremo.
CON INFORMACIÓN DE JACOBO FLORES
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