Estudios japoneses con cámaras especiales confirmaron que el cuerpo humano emite una forma débil de bioluminiscencia, resultado de procesos celulares relacionados con el estrés oxidativo. Esta luz natural es mil veces más débil que el umbral de la vista humana, pero está presente, especialmente en zonas como el rostro y cuello. Una curiosidad científica que revela funciones ocultas del cuerpo.