En verano, Islandia experimenta un fenómeno llamado “sol de medianoche”, con 24 horas de luz solar debido a su cercanía con el Círculo Polar Ártico. La inclinación de la Tierra permite que zonas como Grímsey, Akureyri o Ísafjörður mantengan el sol sobre el horizonte durante semanas. Incluso en Reikiavik, el cielo nunca oscurece por completo entre mayo y agosto. Esta luz constante transforma la vida cotidiana con festivales nocturnos, actividades al aire libre y un ritmo suspendido entre el día y la noche. Un fenómeno natural que redefine el verano islandés.
DOMMINIQUE FEMAT