Algunas rutinas que parecen inofensivas pueden afectar seriamente la capacidad de recordar. Dormir menos de lo necesario, pasar mucho tiempo frente a pantallas antes de dormir, llevar una dieta alta en azúcares y grasas procesadas o evitar la actividad física disminuyen la neuroplasticidad, impidiendo que el cerebro consolide recuerdos de forma eficaz.
El estrés crónico también es un enemigo silencioso: provoca la liberación de cortisol, una hormona que deteriora las conexiones neuronales en el hipocampo, la zona del cerebro encargada de almacenar y recuperar información.
La buena noticia es que este deterioro se puede prevenir e incluso revertir. Ajustar los horarios de sueño, reducir el consumo de alimentos ultraprocesados, realizar actividad física de forma regular y practicar técnicas de manejo del estrés son pasos clave para mantener una memoria sólida y funcional durante más tiempo.
CON INFORMACIÓN DE: JACOBO FLORES